jueves, 23 de julio de 2009

Lesbiana

Una mujer salio gritando, llevaba el pelo corto. Hijo de puta, conchatumadre yo te doy de comer. Gritaba hacia el interior de la oficina mientras desaparecía por la puerta. No lloraba, ni miraba atrás, salía a paso ligero, cruzaba la puerta y todos la veían. No hubo tiempo para imaginar algún secreto, solo reímos y comentábamos nuestras risas. ¿alguien quería saber algo más? Solo vimos a una mujer desvanecerse bajo la luz del sol.

lunes, 20 de julio de 2009

Extracto valioso de 2666 (pag 96- 98)

En un par de ocasiones volvieron a encontrarse a Pritchard. El joven larguirucho ya no se mostraba tan malhumorado como antes, si bien es cierto que los encuentros fueron casuales, sin tiempo para desplantes ni violencias. Espinoza llegaba al piso de Norton cuando Pritchard se iba, Pelletier se cruzó con él una vez en la escalera. Este último encuentro, sin embargo, aunque breve fue significativo. Pelletier saludó a Pritchard, Pritchard saludó a Pelletier, y cuando ya ambos se habían dado la espalda Pritchard se volvió y llamó a Pelletier con un siseo.
–¿Quieres un consejo? –le dijo. Pelletier lo miró alarmado–.
Ya sé que no lo quieres, viejo, pero igual te lo voy a dar.
Ten cuidado –dijo Pritchard.
–¿Cuidado de qué? –atinó a decir Pelletier.
–De la Medusa –dijo Pritchard–, guárdate de la Medusa.
Y luego, antes de seguir bajando la escalera, añadió:
–Cuando la tengas en las manos te va a explotar.
Durante un rato Pelletier se quedó inmóvil, oyendo los pasos de Pritchard en la escalera y luego el ruido de la puerta de la calle que se abría y se cerraba. Sólo cuando el silencio se hizo insoportable volvió a subir por la escalera, pensativo y a oscuras. Nada le contó a Norton de su incidente con Pritchard, pero cuando estuvo en París le faltó tiempo para llamar a Espinoza por teléfono y narrarle este enigmático encuentro.
–Es extraño –dijo el español–. Parece un aviso, pero también
una amenaza.
–Además –dijo Pelletier–, Medusa es una de las tres hijas de Forcis y Ceto, las llamadas Gorgonas, tres monstruos marinos. Según Hesíodo, Esteno y Euríale, las otras dos hermanas, eran inmortales. Medusa, por el contrario, era mortal.
–¿Has estado leyendo mitología clásica? –dijo Espinoza.
–Es lo primero que he hecho apenas llegué a casa –dijo Pelletier–. Escucha esto: cuando Perseo le cortó la cabeza a Medusa de su cuerpo salió Crisaor, el padre del monstruo Geríones, y el caballo Pegaso.
–¿El caballo Pegaso salió del cuerpo de Medusa? Joder
–dijo Espinoza.
–Sí, Pegaso, el caballo alado, que para mí representa el
amor.
–¿Para ti Pegaso representa el amor? –dijo Espinoza.
–Pues sí.
–Es raro –dijo Espinoza.
–Bueno, son las cosas del liceo francés –dijo Pelletier.
–¿Y tú crees que Pritchard sabe estas cosas?
–Es imposible –dijo Pelletier–, aunque vaya uno a saber, pero no, no creo.
–¿Entonces qué conclusión sacas?
–Pues que Pritchard me pone, nos pone, en guardia contra un peligro que nosotros no vemos. O bien que Pritchard quiso decirme que sólo tras la muerte de Norton yo encontraré, nosotros encontraremos, el amor verdadero.
–¿La muerte de Norton? –dijo Espinoza.
–Claro, ¿es que no lo ves?, Pritchard se ve a sí mismo como Perseo, el asesino de Medusa.

miércoles, 15 de julio de 2009

Playa de Arica

En la mar de Arica el cielo era hermoso, la vista era plena. El sol arriba, tu reías (ja), una linda chica (jajaja). Nadabas con el destino en los brazos, mirabas la mar, te tendías en el agua. Te tendías a respirar la calma de estar lejos y solo. Una vista futura, el bien por delante, pero cuando pare… cuando pare, todo se detuvo, me emocione tanto me dijeron, que creí desaparecer en el mar, alborotado y lejos, a miles, pero a miles de kilómetros… de… no sé, no sé de dónde, surrealista, sé que es surrealista, pero la mar me tragaba, como si hubieran tirado del tapón, me devoraba por los pies y continuaba, me deshacía en el agua pero yo parecía estar completo. Salí del mar y el cuerpo me escurría, la gente me veía caminar, pero mi cuerpo se ahogaba allá adentro, allá atrás la mar hacía el sonido. ¡Gujjjjjjj! Completamente solo, ¡todo solo cuando caminaba!

Me senté en la arena caliente y el pelo me cubría la cara, la mar me estaba aplastando allá adentro, y nadie se daba cuenta, me callaba la boca... ll o r a r, mucho. Y cuando vi, cuando vi mis manos rodar, ya era todo, completamente.

CUENTOS DE CAFE - RADIO 1

Programa radial de literatura y música de ZONA PUCP. Nada cultural, bueno un poco.

Conductores:

Malu Morelli y
Carlos Leon C

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